jueves, febrero 2, 2023
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OIT: Perú no ha logrado transformar sus capacidades productivas ni su mercado laboral en últimos 20 años

Los ingresos laborales reales en Lima Metropolitana se han reducido en 10.5%; una caída nunca antes vista desde que existen los registros en la Encuesta Permanente de Empleo, de acuerdo a un informe publicado hoy por la OIT.

El nivel de ingreso laboral real en junio-agosto 2020 equivale al obtenido en junio-agosto 2011, es decir, en términos de ingresos se ha retrocedido en cerca de 9 años, alertó la OIT durante la presentación del estudio “Perú: impacto de la COVID-19 en el empleo y los ingresos laborales”.

El documento fue presentado hoy en el marco de una conversación virtual tripartita, con un panel integrado por el ministro de Trabajo y Promoción del Empleo, Javier Palacios, la presidenta de la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (Confiep), María Isabel León, y el presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), Julio César Bazán.

En el estudio, la OIT sugiere que este resultado y la dramática reducción de la tasa de ocupación a nivel nacional son consecuencia de una marcada heterogeneidad y escasa diversificación productiva, una baja productividad y una amplia economía informal que genera desigualdad en los ingresos y en el acceso a oportunidades de trabajo.

El 2020 cerraría con una disminución de la población ocupada de cerca de 1.5 millones de personas con respecto al 2019, si el PBI se reduce en 13%.

Perú no ha logrado transformar sus capacidades productivas ni transformar su mercado del trabajo en los últimos 20 años”, afirma Philippe Vanhuynegem, director de la OIT para los Países Andinos. El país cayó 20 posiciones en el ranking de complejidad productiva entre 1998 y 2018; es decir, el Perú de hoy es bastante menos diversificado que lo que se esperaría para su nivel de ingresos.

Esta escasa diversificación productiva puede ayudar a explicar por qué, según las estimaciones más recientes, Perú ha sido, en el corto plazo, el país más afectado de la región de América Latina en materia de crecimiento económico en 2020”, sostiene el informe.

El impacto de la COVID-19 en el empleo responde también, en gran medida, a esta configuración del aparato productivo peruano: los sectores de productividad alta (minería, servicios financieros, electricidad, gas y agua) absorben solo el 2,4% del empleo nacional; mientras que los sectores de productividad media (manufactura, construcción, y transporte y almacenamiento) ocupan al 22.6% de la fuerza laboral y cerca del 75% del empleo total se concentra en sectores de productividad baja (servicios, comercio y agricultura).

Precisamente estos sectores fueron los que registraron mayor disminución de la población ocupada: construcción (-67.9%), manufactura (-58.2%), servicios (-56.6%) y comercio (-54.5%), principalmente. El resultado fue que, en el segundo trimestre de 2020, la población ocupada se redujo en 6.7 millones de personas a nivel nacional y la tasa de desocupación se elevó a 8.8%.

Según el estudio, el año 2020 cerraría con una disminución de la población ocupada de cerca de 1.5 millones de personas con respecto al 2019, si el PBI se reduce en 13%, de acuerdo a un informe publicado hoy por la OIT.

En resumen, la economía poca productiva y poca compleja no genera suficientes puestos de trabajos y provoca informalidad y trabajadores vulnerables (45% de los trabajadores informales son autoempleados, mayormente de subsistencia). Pero, por otro lado, la informalidad es también causa de vulnerabilidad.

De hecho, existe también una importante informalidad laboral en las empresas informales y formales, principalmente micro y pequeñas, así como en el propio sector formal. Esta otra realidad del mercado del trabajo ha tenido un impacto inmediato durante la pandemia. Los primeros trabajadores de las empresas en ser despedidos durante la cuarentena han sido precisamente aquellos que no tenían relación laboral formal y protección social”, resalta Philippe Vanhuynegem.

En Lima Metropolitana, donde la población ocupada se ha reducido en 1.3 millones de personas (-26.8%), la población joven (de 14 a 24 años de edad) fue la más afectada por la disminución del empleo. Entre junio-agosto 2020 y similar periodo de 2019 la tasa de desocupación entre ellos triplicó la obtenida por los mayores de 45 años.

En ese periodo, la caída más fuerte de la población ocupada ha sido en los trabajadores del sector construcción (-46.5%) y en empresas de 2 a 10 trabajadores (-40.7%).

Impacto en el mercado laboral incluye un retroceso de nueve años en los ingresos reales de los trabajadores.

Recuperar empleo de forma sostenible

La COVID-19 ha dejado una cosa clara: es cierto que el Perú era uno de los países que más crecía en la región antes de 2020, pero ese crecimiento ha sido un espejismo. Hoy, está claro que el país no puede pensar en salir de esta crisis recuperando el tipo de crecimiento que se ha tenido hasta ahora; ese que concentra gran parte del PIB en pocos sectores y genera informalidad en el mercado laboral y desigualdad en los ingresos y las oportunidades”, advirtió el director de la OIT para los Países Andinos.

Es urgente aprovechar este golpe en la economía, las empresas y los trabajadores para iniciar un proceso de sofisticación de la economía”, dijo.

En ese sentido, la OIT urge trabajar, en el mediano plazo, promoviendo actividades tecnológicas con potencial de empleo que impulsen, no solo a un pequeño grupo de empresas, sino al conjunto de la economía, por medio de encadenamientos productivos y de empleo hacia atrás y hacia adelante.

El cambio estructural de la estructura productiva, por supuesto, debe hacerse a través del diálogo social y la negociación colectiva, y fortaleciendo, al mismo tiempo, la inspección laboral para asegurar la creación de empleos decentes”, afirmó Vanhuynegem.

Además, recomienda generar mecanismos de estímulo fiscal para orientar inversiones privadas hacia nuevos sectores, con alto potencial de crecimiento y valor agregado (tecnologías de la información y la comunicación, energías limpias, construcción sostenible, entre otros).

Esto, por supuesto, va a implicar inversiones importantes en educación para el trabajo y reconversión profesional; en una verdadera política de formación del capital humano, principalmente en aquellas personas que han perdido sus empleos, para aumentar las posibilidades de reinserción al mercado de trabajo formal”, dice OIT.

En el corto plazo, la OIT reconoce la importancia de acelerar políticas activas de mercado de trabajo que garanticen una recuperación rápida de puestos de trabajo e ingresos, como programas públicos de empleo y programas de apoyo al autoempleo y las microempresas, alineados con programas de compras estatales en materiales relacionados con la emergencia sanitaria.

Finalmente, advierte el estudio, la crisis acelerará el proceso de digitalización de la economía. Esto podría significar nuevas oportunidades de empleo, pero “se hace necesario incorporar, en la población en edad de trabajar, las habilidades y destrezas digitales para que estas no acaben erigiéndose en una barrera que limite la incorporación de los colectivos más vulnerables al mercado laboral, y para hacer frente a los efectos de una eventual desocupación tecnológica”, concluye la OIT.

Fuente: Gestión 

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